DESARROLLO DE LOS VALORES SOCIALES EN EL DEPORTE ESCOLAR

DESARROLLO DE LOS VALORES SOCIALES EN EL DEPORTE ESCOLAR

Introducción

En la actualidad, existe una gran discrepancia en la opinión de los intelectuales del fenómeno deportivo, sobre los beneficios que éste brinda a la sociedad, con relación a los valores positivos y negativos que pueda promover. Dice Arnold (1991), citando a Huxley (1969) que, como cualquier instrumento inventado por el hombre, el deporte puede utilizarse con buenos y malos propósitos. Bien aplicado puede enseñar resistencia y estimular un sentimiento de juego limpio y un respeto por las reglas, un esfuerzo coordinado y la subordinación de los intereses personales a los del grupo.

Mal utilizado, puede estimular la vanidad personal y la del grupo, el deseo codicioso de victoria y el odio a los rivales, un espíritu corporativo de intolerancia y un desdén por aquellas personas que se encuentran más allá de un cierto rol arbitrariamente seleccionado. Es momento entonces de acabar con los viejos modelos que caracterizaron a nuestra disciplina los cuáles desde una visión fragmentada del ser humano y sólo se concentran en el desarrollo de uno de sus aspectos constitutivos y comprender al hombre como un ser dueño de una corporeidad en permanente construcción mediante el contacto directo con el medio social que lo rodea. En este sentido, el Deporte, como fenómeno social de promoción y difusión extraordinaria, engloba un amplio repertorio de símbolos, valores, normas y comportamientos, que lo identifican y diferencian claramente de otras prácticas sociales. Reconocer esto significa admitir su importancia como herramienta pedagógica necesaria para el desarrollo integral de nuestros alumnos.


Problemática de la Educación Física como parte del currículum

A partir de las contribuciones teóricas del autor norteamericano Ivoor Goodson y que Kirk (1990), recoge en su libro sobre Educación Física y currículum se presentan algunos aspectos que históricamente han caracterizado a la educación física. En primer lugar, la educación física no representa cuerpos fijos de conocimiento sino los intereses y preocupaciones de distintos grupos profesionales que disputan sus formas de entender la asignatura. En segundo lugar, la evolución que ha sufrido la educación física en su cuerpo de conocimientos que en un principio era el conocimiento utilitario proveniente de la propia práctica física y que después se entremezcló con planteamientos educativos y científicos, especialmente de las ciencias biológicas. El advenimiento de todo un cuerpo de conocimientos médicos, tecnológicos y educativos de pretendida aspiración científica. La primacía de los saberes médicos acabó ofreciendo el cuerpo de conocimientos científicos que legitimaron a la educación física, penetrando de tal manera en el tejido social que hoy sustenta gran parte de nuestras creencias y prácticas (Barbero, 1993).

Con el tiempo fueron abriéndose a otras ciencias sociales y humanas encabezadas por la pedagogía científica y la psicología experimental. Terminan de dificultar este marco, el conflicto entre asignaturas escolares, o entre la educación física y otras asignaturas, que viene marcado por el carácter especial que se le ha dado a la asignatura y sus profesionales. A pesar de que la educación física goza de una importante tradición escolar obligatoria en distintos niveles y muchos sistemas educativos nacionales, parece ser, como indica Hoyle (1986), que se encuentra en un bajo nivel jerárquico dentro de las asignaturas escolares. Como reacción, compensación a la visión antiacadémica de la asignatura, la profesión de la educación física ha desarrollado tres destacadas formas para aumentar su prestigio: a) la perspectiva deportiva; b) la recreacionista; y c) la pseudoacadémica.

La primera de ellas se apoya en el desarrollo de habilidades físicas, cuyo foco de atención es el deportista de élite y los alumnos más capacitados de la clase y su fin es el de formar exitosos equipos deportivos escolares. Esta perspectiva presenta un escaso valor educativo, por lo cual no se justifica su aplicación dentro el sistema escolar. La perspectiva recreacionista viene a ser una reacción radicalmente opuesta a la anterior, en la cual la diversión constituye su razón de ser. En ella, la idea de que las actividades físicas pueden ser un importante medio educativo pierde su valor para convertir a la educación física en hedonismo y simple descanso de las asignaturas académicas, las verdaderamente importantes. La tercera perspectiva pretende aumentar el prestigio de la educación física convirtiéndola en una asignatura pseudoacadémica. Para algunos entusiastas equivale a legitimar definitivamente a la educación física como una asignatura escolar.

Ante este panorama, Devís Devís (1992), recomienda la necesidad de que la educación física busque caminos de innovación que la acerquen a valores educativos intrínsecos, de manera tal que pueda demostrarse la importancia de la asignatura en términos educativos, presentando unos fines y metas congruentes con los de la escuela en general. Ahora bien, ¿cómo suele percibirse a la educación física y el deporte?. Los estudios analizados por este mismo autor, indican que para el alumno, en referencia de la práctica del ejercicio físico y el deporte, las motivaciones más importantes son el esparcimiento, el hedonismo, la salud, y en suma la autorrealización. Al mismo tiempo, parece ser que la educación física como asignatura escolar, no es percibida como una materia que pueda ofrecer alguna utilidad en la formación directa para el mundo productivo del trabajo. Consideramos que estos conceptos deberían ser considerados al momento de planificar un programa que intente desarrollar actividades físicas y deportiva dentro del marco escolar. Nuestra idea es que se justificará la inclusión de la Educación Física dentro del sistema escolar, siempre y cuando se atiendan a la finalidad global de la educación, para lo cual creemos que el desarrollo y promoción de valores a través del deporte, es una herramienta de inestimable utilidad.

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El concepto de “deporte escolar”

En el caso concreto del deporte, Fernando Sánchez Bañuelos (1995), define al mismo como “toda actividad física, que el individuo asume como esparcimiento y que suponga para él un cierto compromiso de superación de metas, compromiso que en un principio no es necesario que se establezca más que con uno mismo”.

Según Domingo Blázquez, el deporte escolar remite, en primer lugar y en sentido restringido al tipo de actividad física que se desarrolla en el marco local de la escuela. En segundo lugar y en sentido más amplio, a todo tipo de actividad física que se desarrolla durante el período escolar al margen de las clases obligatorias de educación física y como complemento de éstas. (D. Blázquez, 1995). Esta última consideración, viene marcando una apertura en la noción de un deporte enclaustrado dentro de la institución escolar para pasar a ser considerado como un fenómeno social. Una de las mayores preocupaciones de los investigadores de la actividad física y el deporte infanto/juvenil es la de poder propiciar las máximas posibilidades de acceso o participación a las actividades deportivas. Sánchez Bañuelos (1986), plantea la necesidad de una competición en la que todo participante tenga una razonable oportunidad de triunfo. Por su parte Devís Devís (1996), al escribir sobre deporte escolar lo hace refiriéndose no sólo los campeonatos creados para el alumnado que desee participar en competiciones extraescolares, sino también incorpora a este concepto a la escuela, la educación física, las personas implicadas y la sociedad en su conjunto.


El deporte educativo

Entre los dos extremos representados por la competición de alto nivel y el deporte recreativo de esparcimiento, se encuentra el deporte educativo, que constituye una verdadera actividad cultural que permite una formación básica y luego, una formación continua a través del movimiento, es decir, aquel cuya pretensión fundamental es colaborar al desarrollo armónico y potenciar los valores del individuo (Domingo Blázquez, 1995)

Este tipo de manifestación del deporte encuentra su máxima expresión en el marco de la educación física escolar y en el deporte escolar, y postula la búsqueda de metas más educativas y pedagógicas aplicadas al deporte de iniciación, olvidándose de la concepción competitiva del deporte parea dirigirse hacia una visión global del proceso de enseñanza. La preocupación no es modelar al niño, sino dotarle de una gran autonomía motriz que le permita adaptarse a variadas situaciones. Así entendido, el deporte educativo debe permitir el desarrollo de las aptitudes motrices y psicomotrices, con relación a aspectos afectivos, cognitivos y sociales de su personalidad, respetando los estadios del desarrollo humano.

Es el medio fundamental del que podemos valernos como docentes para provocar verdaderas y palpables transformaciones en nuestros alumnos. A menudo se dice que en la Educación Física es muy difícil poder provocar las mejorías deseables en nuestros alumnos, sobre todo si uno se posiciona desde un paradigma educativo basado en el aprendizaje por objetivos y en la simple búsqueda de habilidades físicas y técnicas. Es nuestra opinión que además de carecer de relevancia pedagógica, este planteo didáctico tiene pocas posibilidades de éxito debido entre otras cosas, al escaso marco temporal que se le asigna a nuestra disciplina dentro de la escuela, además de las condiciones a menudo inadecuadas de las instalaciones y materiales disponibles. Por todo esto, adaptando el deporte a las posibilidades de los alumnos, siendo coherentes con esta realidad y desechando el modelo del atleta campeón como ideal para nuestros alumnos, es posible actuar con una verdadera intencionalidad pedagógica de tal manera que en cada una de las clases puedan ser observados comportamientos sociales y personales positivos.


Valores sociales

Los valores, aluden a cualidades objetivas que tienen las cosas, son juicios de deseabilidad o de rechazo que se atribuyen a los hechos y objetos, son principios o criterios que definen lo que es bueno o malo, por lo que acaban influyendo poderosamente en la conducta de los miembros del grupo social. (García Ferrando, 1996). Kuluckhohn, (1951) define los valores como concepciones o criterios de lo deseable, y que proveen la base para seleccionar entre alternativas de pensamientos, sentimientos y acciones.

Los valores se manifiestan en guías de comportamiento específico, a las que se denomina normas. Ambos están estrechamente relacionados, pues los valores no pueden manifestarse sin normas de conducta que los enmarquen y que tienen que ser aceptadas por una parte o por la totalidad de los miembros del grupo. Las normas son valores que las personas internalizan en algún momento durante el proceso de socialización y desarrollo. (R. Roche Olivar, 1997). Las normas, en consecuencia, se pueden definir como reglas para comportarse de un modo determinado. Precisamente del estudio de las normas que rigen los distintos tipos de comportamientos deportivos se pueden deducir que los valores que tienen los practicantes y todos aquellos que impulsan un tipo u otro de comportamiento.


Valores sociales positivos

Por otra parte, desde la sicología, aparece la denominación de “prosocialidad” (R. Roche Olívar), para designar a todos esos comportamientos que propician una convivencia más armónica, para las personas que viven en sociedad y que se hallan generalmente sometidas a fuertes presiones que no siempre facilitan las conductas sanas. En este sentido, se destaca el carácter preventivo e higiénico de los comportamientos prosociales. Entonces, los comportamientos prosociales estarían integrados por: “todas aquellas acciones que tienden a beneficiar a otras personas, grupos o metas sociales sin que exista la previsión de una recompensa exterior, aumentando la probabilidad de generar una reciprocidad positiva, calidad solidaria en las relaciones interpersonales o sociales consecuentes, pero que a su vez salvaguarden la identidad, creatividad e iniciativa de las personas o grupos implicados”. (Roche, 1991)


Socialización a través del deporte

Desde la perspectiva de la socialización, el deporte puede materializarse en diversas situaciones sociales entre las que se encuentra la escuela. Existe un amplio acuerdo en reconocer el elevado potencial socializador del deporte: “El deporte puede favorecer el aprendizaje de los papeles del individuo y de las reglas de la sociedad, reforzar la autoestima, el sentimiento de identidad y la solidaridad. Además, parece que los valores culturales, las actitudes y los comportamientos individuales y colectivos aprendidos en el marco de las actividades deportivas vuelven a encontrarse en otros campos de la vida” (VV. AA., 1996).

Este potencial socializador puede tener consecuencias negativas o positivas, según el modo en que se produzca la interacción entre la persona que se socializa, los agentes socializadores y las situaciones sociales (McPherson, 1986). Por ejemplo, no se dará la misma situación socializadora en una escuela que cuente con todos los medios para impulsar un programa de iniciación deportiva que aquella otra en la que, además de carecer de esta posibilidad, un programa de este tipo puede ser juzgado con cierto recelo. De allí la importancia del correcto accionar del docente. Someter al alumno a presiones constantes o cargarlo de exigencias que él no está en condiciones de poder afrontar, puede marcarlo de tal manera que condicione o limite su futura participación en el deporte, del que por otra parte se tiene un amplio consenso sobre la utilidad que proporciona su práctica para el desarrollo y mantenimiento de una sociedad sana.

Desarrollo de valores sociales y personales en la Actividad Física y el Deporte El deporte influye en todos los estilos de vida de los miembros de la sociedad. Por eso, dentro de la escuela favorece la capacidad de aceptar valores morales y éticos a través del comportamiento aprendido como deportista, y establece comunicaciones verbales y no verbales mediante el desarrollo de un lenguaje específico y de unos gestos, creando un ambiente cultural para el deportista considerado como un héroe popular moderno y que es habitualmente contemplado en las tendencias de la publicidad (Massengale, 1979).

Frente a este planteamiento, otros autores exponen que el énfasis en la victoria puede desviar la atención de la variedad y motivaciones con que se participa en el deporte escolar en la que algunos alumnos desean participar y divertirse y otros ganar campeonatos (Devís, 1995).

Por este motivo, Martín Lee (1990), resalta el interés y preocupaciones actuales por las normas de conducta, tanto en la sociedad general como en el deporte, preocupaciones que derivan en el desprecio por las norma y el interés creciente de los programas deportivos infantiles y juveniles en los que supone un excesivo énfasis en el triunfo, sin prestar atención a los principios del disfrute y del juego limpio. Tales circunstancias han inducido a centrar la atención sobre programas deportivos orientados hacia los niños y que establecen códigos precisos de comportamiento para promocionar los valores y las actitudes a favor del deporte y de la sociedad.

Coincidiendo con Lee (1990), y basados en el convencimiento general de que cualquier actividad que se realice durante los años de formación de un individuo producirá un impacto educacional, el deporte es una de las influencias a considerar en la educación de la juventud, y para muchos la más importante aparte del colegio. Sin embargo, el carácter educativo que pueda alcanzar el mismo, dependerá entre otros factores, de la manera en que los niños y jóvenes han de enfrentarse al dilema del juego limpio, es decir decidir entre el respeto de las normas del juego, o saltarse las reglas establecidas con el único fin de ganar. Para que se dé el desarrollo moral en un contexto deportivo, deben idearse estrategias de razonamiento moral que vaya más allá de la convención social. Esta hace referencia al aprendizaje de los valores que tradicionalmente se han difundido del deporte que sólo se limitan al cumplimiento de las normas necesarias para su práctica, sin que en ello exista algún razonamiento que justifique la necesidad del respeto por los mismos. Trabajos de otros investigadores indican que los niveles de desarrollo cognitivo de los estudiantes mejoran por el uso de un sistema de intervención estructurada, más que por otros que simplemente expongan a los deportistas a la interacción propia derivada del juego (Weiss 1984, Romance 1984, Bredemeier 1994).

Valores sociales y personales más propicios de alcanzar a través de la Actividad Física y el Deporte

¿Pero concretamente, cuáles son los valores sociales que son factibles de desarrollar a través del deporte en la escuela?

A partir de los resultados obtenidos por las investigaciones realizadas por M. Gutiérrez San Martín (1995), estos autores concluyen en que los valores más propicios de alcanzar a través de la Actividad Física y el Deporte son los siguientes:

· Valores sociales: Participación de todos, respeto a los demás, cooperación, relación social, amistad, pertenencia a un grupo, competitividad, trabajo en equipo, expresión d sentimientos, responsabilidad social, convivencia, lucha por la igualdad, compañerismo, justicia, preocupación por los demás, cohesión de grupo.

· Valores personales: Habilidad (forma física y mental), creatividad, diversión, reto personal, autodisciplina, autoconocimiento, mantenimiento o mejora de la salud, logro (éxito-triunfo), recompensas, aventura y riesgo, deportividad y juego limpio (honestidad), espíritu de sacrificio, perseverancia, autodominio, reconocimiento y respeto (imagen social), participación lúdica, humildad, obediencia, autorrealización, autoexpresión, imparcialidad.

En coherencia con lo anterior, estos autores aportan algunas recomendaciones que deberían tener en cuenta los profesores y educadores físicos para que el deporte pueda potenciar la transmisión de algunos de los valores antes mencionados:

1. Potenciar la idea de que la Actividad Física, en general, es un hábito recomendable, por lo que debe intentarse inculcarlo como sistema de vida, junto con otros repertorios de conductas habituales.

2. Ayudar, sobre todo a los más pequeños, a resolver la cotidiana contradicción entre la competición y la cooperación, enseñándoles que el respeto a los demás y a las reglas es lo que da sentido al juego y proporciona satisfacción.

3. Procurar crear, en la clase o en el gimnasio, una atmósfera de tolerancia que facilite la comprensión de la igualdad entre géneros.

4. Intentar ser creativos a la hora de proporcionar actividades cooperativas más que competitivas, sin que ello lleve a la eliminación absoluta de la pugna por alcanzar un objetivo.

5. Aprovechar lecciones ocasionales que ayuden a los alumnos y deportistas a interpretar más adecuadamente los acontecimientos deportivos de mayor actualidad y trascendencia.

Por último, estos autores expresan un concepto que creemos es muy útil transcribir:

“La Actividad Física y el Deporte, por sí mismos, no son generadores de valores sociales y personales; sí son excelentes terrenos de promoción y desarrollo de tales valores. Dependiendo siempre del uso acertado o no, que de la Actividad Física se haga, se promocionarán valores loables para la persona y su colectividad o por el contrario detestables para sí misma y su contexto sociales necesario entonces, comprometerse, empeñarse en el hecho de educar y promocionar los valores sociales y personales cuando se practican Actividades Físicas y Deportivas“.


Sugerencias para tener en cuenta en la enseñanza del deporte en el ámbito escolar

Según las reflexiones vertidas en este artículo, más la reflexión crítica realizada de la propia práctica profesional, aportamos algunas sugerencias que podrían llegar a ser de utilidad para los colegas que se desempeñen en el ámbito escolar:

· Creo que es necesario resaltar todos los comportamientos prosociales realizados por los alumnos, destacando la utilidad que los mismos tienen para mejorar la vida dentro de la sociedad.

· Pienso que será beneficioso que se propongan instancias de reflexión y debate cuando surjan conflictos entre los alumnos durante las clases, para poder acordar soluciones a los mismos.

· Se debe tener un especial cuidado en que la propuesta de actividades no fomente en exceso la competencia ya que como se pudo observar, la misma es particularmente precursora de acciones negativas como la agresión, el egoísmo y la intolerancia, entre otras.

· Los juegos cooperativos, promueven a la participación y el disfrute de todos, crean un clima agradable de clase que facilita un mayor contacto interpersonal, y favorece el descubrimiento de las cualidades del otro.

· Para que las estrategias aplicadas con el objeto de propiciar el desarrollo de los valores sociales sean verdaderamente efectivas, éstas deberán ir acompañadas por un accionar acorde del docente. En este sentido creo que el docente deberá ser el primero que sirva como ejemplo de prosocialidad a sus alumnos.

· Aunque signifique romper con toda una tradición en nuestra disciplina considero que en el ámbito escolar ya ha perdido relevancia, si es que verdaderamente alguna vez la tuvo, la enseñanza centrada en el aprendizaje de habilidades. En este momento, es mi opinión que urge centrar nuestros esfuerzos en la formación de personas dentro de una sociedad que cada vez más le va dando la espalda a esos valores que garantizan la equidad y armonía en las relaciones.

· Es cierto que el Deporte es propulsor de muchos valores positivos, sin embargo la sola práctica del mismo no garantiza el desarrollo de los mismos. Será mucho más beneficioso para los alumnos si tiene un docente que los guíe permanentemente y les proporcione un espacio donde se den las condiciones necesarias para la convivencia, la tolerancia, el respeto mutuo, y otros aspectos necesarios para el mejoramiento de las relaciones sociales.

· Hacer un esfuerzo por evitar establecer diferencias entre los más capaces y los menos capaces.

· Es necesario actuar con coherencia en todo momento, los alumnos necesitan un código de conducta al cual atenderse, código que debe guardar cierta permanencia, debiendo informar a los alumnos de los posibles cambios.

· No permitir nunca las trampas

Bibliografía

· Arnold P. Educación Física, movimiento y currículum. Ed. Morata. Madrid. 1997.

· Blázquez Sánchez, Domingo. La iniciación Deportiva y el Deporte escolar, Inde Publicaciones. Barcelona.1995.

· Blázquez. La iniciación a los deportes de equipo. Ed. Martínez Roca. 1985.

· Camps, Victoria. Los valores de la Educación. Anaya. Madrid. 1998.

· Devís Devís, José. Educación Física, Deporte y Currículum. Visor Dis. S.A. Madrid. 1996.

· Gutiérrez Sanmartín. Los valores sociales y Deporte. Gymmos ed. 1995.

· Onetto, Fernando. ¿Con los valores quién se anima? Ed. Bonum. Buenos Aires 1997.

· Pérez Giménez. Comprender y transformar la enseñanza.

· Roche Olívar, R. Psicología y Educación para la prosocialidad. Ciudad Nueva. Buenos Aires. 1998.

· Sánchez Bañuelos, Fernando. Bases para una didáctica de la Educación Física y el Deporte. Gymmos. Madrid. 1992

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5 comentarios to “DESARROLLO DE LOS VALORES SOCIALES EN EL DEPORTE ESCOLAR”

  1. erika samalloa Says:

    grasias por el mensg esta pero muy padreeeeeeeeeeeeeeeeeeeee muak adios nacossssssssssssssssss

  2. aidi perez molina Says:

    hay q poner las reglas porfa
    att la hija de Otto perz molina

  3. Zaida Says:

    muy bueno, grcis

  4. yeidy bibiana Says:

    yo necesito son los valores del deporte


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